También soy muy exigente conmigo misma, porque él merece lo mejor a cada instante y a veces me siento mal si siento que no logro el cielo para él.
Y aún con esta exigencia, algunas cosas quizás podríamos haberlas hecho de otra manera, pero lo importante es que siempre aprendemos de cada traspié sin culpabilizarnos, entendiéndonos, amándonos.